Usar evidencia no consiste en colocar dentro de una explicación todo lo que encontramos durante el análisis. La tarea es decidir qué respaldo necesita aparecer ahora, qué puede resumirse y qué conviene conservar disponible para profundizar después. La clase parte de un mensaje ya formulado y se concentra únicamente en esa decisión, sin volver a trabajar cómo construir la idea central.
El principio de coherencia de Richard E. Mayer sirve como criterio de revisión. En aprendizaje multimedia, plantea que excluir material que no contribuye al objetivo puede reducir procesamiento innecesario y favorecer una comprensión más profunda. Trasladado con cuidado a una situación profesional, invita a exigirle una función a cada dato o ejemplo: ayudar a comprender, ayudar a dimensionar o ayudar a sostener la conclusión.
A partir de un caso sobre la sustitución de una bomba, se trabaja con distintas evidencias disponibles: frecuencia de paros, consumo eléctrico, costos de reparación, fotografías, comentarios de operadores y cotizaciones. En lugar de mostrar todo, el ejercicio consiste en decidir qué piezas sostienen directamente el mensaje, cuáles pueden resumirse y cuáles deben quedar como material de reserva para preguntas o una discusión posterior.
Después se compara una versión saturada con una versión suficiente. La segunda no tiene menos rigor; simplemente utiliza unas cuantas evidencias fuertes y mantiene el resto disponible sin exigir que la audiencia procese todo al mismo tiempo.
La clase termina con una revisión aplicable antes de cualquier explicación: comprobar que cada evidencia tenga una función, revisar si los ejemplos realmente aclaran, probar qué puede retirarse sin debilitar la conclusión y asegurarse de tener respaldo adicional listo. El objetivo no es explicar menos, sino controlar mejor cuánto entra en cada momento para que los datos y ejemplos fortalezcan el mensaje en lugar de competir con él. Así, la explicación puede ser directa sin renunciar a la profundidad necesaria cuando surjan dudas.
